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Obras y el rock, la conexión única

Rocky

Obras y el rock están inevitablemente conectados desde hace muchísimo tiempo. Ese estilo musical acompañó a la institución en muchos de los 103 años que hoy, 27 de marzo, se encuentra celebrando. Y aun lo hace: “Somos Obras, somos rock”, inunda las redes sociales y los carteles del estadio en la actualidad. ¿La mascota del equipo? Rocky, la más rockera de La Liga Nacional. ¿El logo? Simula ser una púa. ¿La canción con la que presentan al equipo? T.N.T, de AC/DC. ¿El estadio? Allí está el origen de esta gran relación: El Templo del Rock.

EL NACIMIENTO DE LA MÍSTICA ROCKERA

Inaugurado a mediados de 1978, para la realización de la Copa William Jones, el Estadio Obras Sanitarias tiene una capacidad para 3100 espectadores, que asciende a 4700 cuando se realizan recitales. Más allá de los números, una palabra define y caracteriza este lugar: “Mística”. El comienzo de esa mística deportiva y musical se remonta al mismo año: además de la disputa de la Copa Intercontinental que coronó al Real Madrid, en noviembre de 1978 la reconocida banda Serú Girán, compuesta por Charly García, Pedro Aznar, Oscar Moro y David Lebón, hizo vibrar al complejo de Avenida del Libertador al 7395.

Esa época coincidió con un momento clave en la historia del país y del rock nacional: festivales solidarios y con una importante carga ideológica, y artistas como Sumo, Luis Alberto Spinetta, Pappo, Andrés Calamaro, Los Abuelos de la Nada, León Gieco, entre otros, eligieron a Obras para dar sus shows más convocantes y, de esta manera, construyeron una mística que se alimentó mutuamente entre El Templo del Rock y los músicos que se subían a su escenario. A partir de ahí, llegar a Obras fue cumplir un objetivo en la carrera de cualquier artista, muchos de los cuales grabaron allí sus shows para lanzar sus DVDs en vivo.

Foto: Facebook Estadio Obras

Se respira un aire diferente, especial, en cada recital. Los fanáticos se acercan y colman de banderas y cánticos el histórico lugar, y saben lo que significa que “su banda”, con ese sentido de pertenencia particular que suelen darle, llegue a Obras. A veces, para explicar esto, las palabras están de más: “Cuando se siente no hace falta entender”, pregona una canción de El Bordo, banda de la escena argentina actual, que en su pleno punto de quiebre llenó el estadio, en el año 2006. Eso es lo que pasa en Núñez. Se siente.

En la era más moderna, otros grandes grupos se presentaron: Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota y Soda Stereo, con un claro dominio en su época, La Renga, Los Piojos, Callejeros, Cielo Razzo, Almafuerte, Rata Blanca, Virus, Viejas Locas, Guasones, Los Fabulosos Cadillacs, La Bersuit, Divididos, La 25, son solo algunos de los nombres que pasaron por este escenario. A esta cultura se sumaron, por supuesto, enormes artistas del exterior, como B. B King, Héroes del Silencio, Iggy Pop, Kiss, Iron Maiden, Ramones, Red Hot Chili Peppers, Sex Pistols, The Police, son buenos ejemplos.

EL BÁSQUET DE OBRAS Y SU CONEXIÓN ACTUAL CON EL ROCK

Más allá de la mascota, el logo, y el apodo de “rockero” que adquirió el equipo de básquet de Obras en todos estos años, también hay algo de esa mística invisible que roza culturalmente al conjunto aurinegro. Un estilo de juego vertiginoso, con mucha intensidad, y un plantel muy joven, puede remitir al concepto de rock. La música elegida, tanto para la presentación de los equipos como para la entrada en calor, generan un clima particular cada vez que juegan los planteles de primera división.

Y si hablamos de música, es inevitable mencionarlo: cada encuentro de Liga Nacional que disputa el equipo en Núñez cuenta con una banda tocando en vivo. Se trata de la campaña Tu Primer Obras, que permite a artistas, generalmente de la escena del under, dar un pequeño show durante la previa y el entretiempo de un partido. Para que tanto los protagonistas, como los espectadores, como los propios músicos disfruten de la atmósfera especial que tiene cada jornada basquetbolística.

La acústica del complejo es algo muy particular también. Es algo que destacan muchas de las bandas que participan de esta propuesta, y que se nota, más allá de lo artístico, durante la disputa de los juegos. En el silencio, cualquier ruido o detalle, a veces, logra ser percibido. Esta característica también hace que el rugido que baja de las tribunas cuando el público colma el estadio, suene realmente diferente. Evidentemente esto nos lleva a reafirmar lo antes mencionado. Cuando juega Obras o cuando toca una gran banda, en la Avenida del Libertador al 7395, en el barrio de Núñez, se siente.

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