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Calfani: «En Obras sentí mucho cariño, apoyo y paciencia»

Mathías Calfani hizo su debut con la camiseta rockera y su amor con la naranja volvió a existir. Luego de su rotura de ligamentos, y una recuperación de muchos meses, el uruguayo volvió a sonreír en una cancha de básquet.

Calfani tiene una vasta trayectoria en el básquetbol internacional y ha cosechado una serie importante de títulos a lo largo de su carrera.

Fue cuatro veces campeón de la Liga uruguaya (2007-08, 2008-09, 2013-14 y 2014-15), una vez de Liga Sudamericana (2008), conquistó un Metropolitano (2011), tres Ligas Nacionales Argentinas (2016-17, 2017-18 y 2018-19), un Súper 4 (2017), dos Supercopas de la Liga (2017/18 y 2018/19), dos Ligas de las Américas (2018 y 2019) y una Copa del Emperador en Japón (2021).

 – ¿Qué sensaciones te dio volver a estar en contacto con la naranja, más allá de los resultados? ¿Y cómo fue cuando pisaste nuevamente la cancha para jugar oficialmente un partido?

-Me sentía como un niño con un juguete nuevo. Se me pasaron muchísimas cosas por la cabeza, fueron diez meses de prácticas, dolor, sufrimiento, de levantarme cuando no tenía ganas, de entrenar cuando prefería quedarme acostado. Y siento que, más allá de jugar al básquetbol, entré a disfrutar y sentirme parte de un equipo nuevamente. Si bien los jugadores, los entrenadores, todos acá en Obras me hicieron parte desde un principio, es diferente cuando uno vive el día a día haciendo lo mismo que todos tus compañeros, que cuando uno realiza actividades individuales. Fue muy lindo volver a entrar. Es difícil volver a empezar, y más a esta edad, pero fue una sensación increíble. Me pasó pocas veces de sentirme feliz por salir a jugar uno o dos minutos. Fue lindo y difícil a la vez porque tenés que contener muchas emociones y ganas de correr, saltar y defender, que no sabía para donde arrancar.

En la temporada 2021-22, Mathías jugaba para el Club Aguada de Uruguay y en el partido frente a Nacional, a los 17 segundos, Calfani se lesionó y luego supo que se había roto por segunda vez en su carrera, los ligamentos cruzados.

-En el momento que te sucede de la lesión. ¿Te lo tomaste como para salir adelante? ¿Dudaste de seguir jugando a nivel profesional? ¿Se te pasaron los fantasmas por la cabeza?

-Sí, pero más que nada se te pasa la idea de porqué otra vez. Qué hice mal, qué me estaba pasando que los últimos dos años habían sido crueles por las lesiones. Me rompí dos veces los cruzados y sentía que no tenía un fin. No sabía porqué llegaba eso, y al principio estaba negado. Desde el primer momento que los médicos del partido me dijeron que podía ser, yo les decía que quería volver a jugar, les pedí que me vendaran la rodilla para poder intentar jugar. Por suerte no entré, y después sentía que no creía cuando se constató la lesión. Y de un día para el otro, hice un click. Esto es lo que hay y tengo que admitirlo porque me estoy haciendo mal a mí y a mi entorno, que estaban todo el tiempo apoyándome. Veía que estaban todos tristes y mal, y yo me sentía normal. Después, gracias al apoyo del psicólogo, tratamos de buscarle la vuelta y un sentido a todo esto. Esto no es el final, sino el comienzo para volver a sentirme bien. Fueron nueve meses de rehabilitación, y lo usé para resetear el cuerpo y volver fuerte y bien.

– ¿Qué tiene que ver hoy en día Obras con este renacer?

-Obras llegó en un momento increíble. Nosotros nos planteamos con mi familia de esperar la mejor opción. Yo tenía ganas de volver a la Liga Nacional porque ahí había sido muy feliz. Es un lugar donde siempre tenés que estar al 100%, que todos los equipos son peligrosos, que vale mucho la localía. Tenía muchas ganas de venir porque quería competir a un mayor nivel. Y cuando llegó la opción de Obras, fue algo increíble e inesperado. Enseguida que nos reunimos con mi representante, le dije que sí porque conocía al club de haberlo enfrentado y cómo se manejaban. Había hablado con Emiliano (Serres) y Joaquín (Rodríguez), amigos y compañeros míos de la selección, y me habían contado cómo era. También había hablado con Bruno (Fitipaldo) y Martín (Osimani), y ellos me mandaron ni bien se enteraron de que iba a estar bien e iba a estar cuidado. Y enseguida sentí ese apoyo, cariño y paciencia que tuvieron conmigo. Eso me dio mucha confianza.

– ¿Cómo te acompañó el club en este proceso?

-En un primer momento que pisé Obras, me sentí cómodo, a gusto y feliz de estar acá. Veía la cara de los chicos y estaban más emocionados que yo por volver a jugar, y fue un sentimiento increíble. Que un equipo nuevo te apoye tanto, miré para un costado y te pongan una cara de aliento para que estés bien, te caes al piso y vienen todos a levantarte. Eso me ayudó un montón y me hace querer más el resultado que mi progreso. Me duele más perder que no jugar. Quiero aportar y jugar para tratar de que mi equipo gane, pero sobre todo por ellos. Siento que lo merecen por el cariño y la paciencia que me dieron. Los fisios y el cuerpo médico vieron que había detalles para mejorar y para que mi vuelta sea más segura. Y no tuvieran problema de frenarme en un momento difícil de la temporada, lo cual eso demuestra lo que es el club. Primero te contiene y después te da todas las herramientas para que puedas rendir dentro de la cancha.

 

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