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El balance de la Liga Femenina

Obras Basket cerró su participación en la primera edición de la Liga Nacional Femenina con un tercer puesto, luego de caer ante Lanús en la semifinal y vencer a Deportivo Berazategui en un auténtico partidazo que se definió en tiempo suplementario. Aquel triunfo dejó sensaciones extrañas en la entidad de Núñez: Por un lado, el equipo demostró estar a la par de los mejores nivel nacional, pero por otro, quedó la frustración de no haber obtenido el título.

Al ver el desempeño de Obras a lo largo de los diez partidos de fase regular, dos de playoffs con Vélez, y los dos últimos en el Final Four, no se debe olvidar algo esencial: el básquetbol femenino lleva tres años en el club desde su regreso como disciplina oficial. Rápidamente se formó un plantel capaz de competir a nivel metropolitano y nacional, ante los equipos más fuertes y con mayor historia del país. La primera gran sorpresa fue el meritorio cuarto puesto obtenido en la SuperLiga de 2015, que fue superado el año siguiente con un ingreso al podio en el mismo torneo.

No es sencillo mantener ese ritmo de crecimiento, sobre todo con equipos tan afianzados en la cima del básquet femenino, ni con otros tantos buscando entrar entre los mejores. Aún así, el desarrollo de Obras en la actividad fue notable esta pasada temporada. Con Ignacio Narvaja como entrenador, se armó un plantel completo y competitivo, con las incorporaciones de Sofía Castillo, Natalia Teodori, y las extranjeras Ariel Edwards, Regina Gómez e Ineidis Casanova, estas tres últimas sólo para disputar la LNF. Con el paso de los partidos, sólidez, recambio, carácter y buen juego caracterizaron a un grupo de jugadoras muy talentosas, que se reunieron en una misma plantilla y establecieron gran química a la hora de compartir la cancha.

En lo individual, se puese destacar la visión de cancha de Castillo, la habilidad anotadora de Edwards (16.9 puntos de promedio), los rompimientos y pases de Casanova (4.2 asistencias de media), la defensa perimetral de Teodori, los rebotes y las protecciones del aro de Sofía Aispurúá y Bárbara Landro, el sacrificio de Belén Echeverría, la inteligencia de Paula Reggiardo, la capacidad atlética de Julieta Alé y la experiencia de la española Gómez. Todas aquellas fortalezas se unieron para formar un equipo íntegro, largo y veloz, que pudo mantener su estabilidad pese a rotación constante propuesta por Narvaja para equiparar esfuerzos

En cuanto a números, Obras finalizó como el tercer equipo que más anotó en el certamen, con 983 tantos en 14 participaciones (promedio de 70.2), 368 de ellos convertiros por suplentes, mientras que sólo recibió 813 puntos en contra (58.3 por juego). Además, sumaron 217 asistencias (15.5) y 207 recuperos (14.8), ambos máximos en la temporada. En tapones concluyeron terceras con 36 (2.6), y en rebotes, el rubro que más le costó al Aurinegro, sumaron 388, aunque concluyeron con el peor promedio (27.7).

Más allá de las cifras, se notaron grandes mejores en el rendimiento colectivo con respecto al equipo que disputó la última SúperLiga. Es cierto, las extranjeras sumaron mucho, y llevaron a que las más jóvenes del equipo no tengan mucho roce, pero el alto nivel de competitividad así lo exigió. De a poco, jugadoras como Micaela Sabater, Martina Rodríguez, Sofía Carranza y Melanie Fugellie, quienes se desempeñan de gran manera a nivel metropolitano. Vale recordar que varias de ellas se consagraron campeonas como cadetes. Aún sin jugar, las juveniles adquirieron aprendizajes y experiencia.

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